Solo 1 de los 15 alimentos que más subieron está vinculado directamente a los precios internacionales

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La Argentina aplica restricciones a las exportaciones e intervenciones en el comercio que otras naciones que producen y venden al exterior no llevan adelante; la opinión de los expertos.

CÓRDOBA.- El viernes, dijo el presidente Alberto Fernández, empieza “la guerra contra la inflación en la Argentina”. Ese día se anunciaría un paquete de medidas para “atacar” la suba de los precios. Otra vez en el menú se insistiría con la intervención del Estado en los mercados. Ahora sigue la suspensión de las exportaciones de aceite y harina de soja mientras el Gobierno viene de lanzar el fideicomiso integrado por todos los eslabones de las cadenas de trigo y de maíz para asegurar “un precio estable” para la harina 000 y los fideos. Los especialistas dicen que en la región no es este el camino que eligen las administraciones.

El economista del Ieral, Juan Manuel Garzón, planteó que en América Latina “no hay mucha intervención; ni en la región, ni en los países desarrollados”. En el caso de los derechos de exportación, sólo dos de los 38 países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD) los tienen. Son Noruega y Costa Rica.

“Ningún país de América o de Europa, con excepción de esos dos y la Argentina, aplica esa tributación”, añadió.

El Ieral monitorea la inflación de alimentos y bebidas de la Argentina en relación a la de la región y la local es entre seis y siete veces más alta en promedio, según los meses y los países con los que se hace la comparación. En febrero la inflación local fue cinco veces la de la región que fue, en promedio, 1,6%.

Actualizada con la inflación de febrero, de los 15 productos que más aumentaron de la canasta del Gran Buenos Aires del Indec, sólo uno “podría decirse que está directamente vinculado con la suba internacional de commodities”, señaló Garzón. Es el pan francés; los otros “o no están vinculados directamente o si lo están, la vinculación es indirecta o débil, en el sentido que en estos productos se diluye mucho el impacto de la suba de precios internacionales”.

Ese grupo de productos incluye lechuga (suba 72,7%), tomate redondo (40,8%), cebolla (30,8%); limón (27%); huevos de gallina (22,5%, asociado indirectamente por la suba de costos de alimentación de las aves); naranja (19,5%); papa (16,3%); leche en polvo entera (15,8%, vinculado indirectamente porque sube el precio de alimentar la hacienda); carne picada común (11,7%, registra la misma vinculación indirecta); manzana deliciosa (10,9%); cerveza en botella (10%; relación indirecta por incremento precio de la cebada); filet de merluza fresco (8,3%); paleta y nalga (7,8% y 7,7%, respectivamente, vínculo indirecto) y pan francés (7,6%, asociado más directamente por alza del maíz).

“Todos nuestros vecinos son participantes activos del comercio global, ya sea exportando o importando alimentos, pero mantienen la inflación controlada, lo que sugiere que el problema es nuestro, de nuestra política económica, no es ‘importado’”, indicó el economista.

Situación

David Miazzo, economista de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de la Argentina (Fada), coincidió con su colega en que, en líneas generales, no hay en la región el nivel de intervención estatal que existe en la Argentina: “Paraguay, Uruguay, Brasil ni Nueva Zelanda, Australia, Estados Unidos -por nombrar algunos de los principales países productores de alimentos del mundo- tienen restricciones a las exportaciones de granos, carnes o lácteos”.

Mencionó que algunos como India sí tienen limitaciones, aunque aclaró que ese país es un importador neto de alimentos. Rusia también cuenta con restricciones y Ucrania, que no las tenía antes de la guerra, ahora cuenta algunas.

Fada realiza periódicamente un trabajo sobre la participación de los precios de las materias primas en los productos terminados. Es lógico pensar, dijo Miazzo, que la participación de trigo y maíz creció por el último salto de precios de los granos. En el caso de la leche, dijo, no debería haber subido de manera sustancial porque el precio pagado al productor estuvo apenas por encima de la inflación.

FUENTE: LA NACIÓN – por Gabriela Origlia

José María García Casarrota

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