Un relevamiento en el sur santafesino revela tensiones económicas, brechas de género y un preocupante índice de malestar emocional.
Un reciente informe elaborado en conjunto por el Instituto de la Salud “Juan Lazarte” y el Colegio de Médicos Veterinarios de Santa Fe – 2da. Circunscripción, que abarca el sur de la provincia, ha puesto cifras a una realidad que se discute frecuentemente en los consultorios y clínicas: el costo personal del ejercicio de la profesión veterinaria.
El estudio, titulado “Condiciones de trabajo profesional de los/as médicos/as veterinarios/as y situación de salud mental”, busca indagar en los aspectos de la salud que se hallan asociados con las características del mercado laboral.
El relevamiento, que contó con la participación de 357 profesionales matriculados, en su mayoría rosarinos, expone un escenario complejo donde la vocación se enfrenta a “tensiones estructurales, como insatisfacción en las condiciones económicas e inequidades de género”.
La brecha entre el desarrollo profesional y el bolsillo
Uno de los hallazgos más contundentes vertidos en el informe es la discrepancia entre cómo los veterinarios perciben su desempeño técnico y cómo valoran su retribución. Mientras que una amplia mayoría (86%) califica su desarrollo profesional reciente como bueno o muy bueno, la satisfacción cae drásticamente al hablar de ingresos.
El documento destaca textualmente que “la considerable percepción positiva sobre el desarrollo profesional contrasta con una valoración más crítica respecto a la remuneración obtenida”.
Esta insatisfacción no es homogénea: se acentúa notablemente en las mujeres, lo que sugiere la existencia de una “brecha salarial de género en los ingresos”. De hecho, el 58% de las profesionales mujeres valora negativamente la relación entre su trabajo y su remuneración actual.
El peso del “malestar” y la feminización del estrés
El estudio advierte sobre condiciones laborales que podrían estar “generando preocupación entre los profesionales” y operando como determinantes de la salud. Al indagar sobre situaciones desfavorables —como exceso de carga horaria, presión, maltrato o discriminación—, los datos son reveladores: un tercio de los encuestados afirmó haberlas vivido de forma frecuente o muy frecuente en el último tiempo.
Este impacto tiene un sesgo de género evidente. Según el informe, “la magnitud de las sensaciones de malestar que fueron percibidas por las profesionales mujeres duplica a las de los varones”.
Entre las sensaciones negativas más reportadas predominan el cansancio (53,54%) y el desgano (31,16%). Además, las alteraciones del sueño por preocupaciones laborales afectan al 39% de las veterinarias frente al 22% de sus colegas varones.
Valoración de la salud mental
Quizás el apartado más sensible del informe es el referido a la salud mental. Se identificó un grupo de riesgo constituido por 94 personas (26,33% del total) que presentaron una valoración baja o muy baja de su salud mental. Este grupo asocia su estado a “dificultades para dormir, sensación de agobio y tensión, sensación de ser muy poco feliz o de estar deprimido/a”.
El estudio arroja un dato que exige atención inmediata por parte de las instituciones sanitarias y gremiales: dentro de este grupo con baja valoración de salud mental, “11 personas manifestaron que alguna vez pensaron en hacerse daño, lo cual representa 3,08% del total”.
Aunque es una proporción limitada, el informe subraya que estos indicadores “constituyen aspectos que no deben ser desconsiderados porque operan como variables de vulnerabilidad que afectan a dicho grupo profesional”.
Resiliencia y bienestar profesional
A pesar de las dificultades, el perfil del veterinario santafesino muestra resiliencia. El 82% de los profesionales establece una valoración buena o muy buena de su proyección a futuro y las sensaciones positivas como el “compromiso” (53,92%) siguen liderando el ranking emocional.
Sin embargo, el mensaje del informe final es claro respecto a la necesidad de intervenir. Los hallazgos “instan a profundizar acciones institucionales orientadas a promover condiciones de trabajo más saludables, y equitativas para toda la comunidad veterinaria”, poniendo el foco no solo en la excelencia técnica, sino en el bienestar humano de quienes cuidan la salud animal.
Un reciente informe elaborado en conjunto por el Instituto de la Salud “Juan Lazarte” y el Colegio de Médicos Veterinarios de Santa Fe – 2da. Circunscripción, que abarca el sur de la provincia, ha puesto cifras a una realidad que se discute frecuentemente en los consultorios y clínicas: el costo personal del ejercicio de la profesión veterinaria.
El estudio, titulado “Condiciones de trabajo profesional de los/as médicos/as veterinarios/as y situación de salud mental”, busca indagar en los aspectos de la salud que se hallan asociados con las características del mercado laboral.
El relevamiento, que contó con la participación de 357 profesionales matriculados, en su mayoría rosarinos, expone un escenario complejo donde la vocación se enfrenta a “tensiones estructurales, como insatisfacción en las condiciones económicas e inequidades de género”.
La brecha entre el desarrollo profesional y el bolsillo
Uno de los hallazgos más contundentes vertidos en el informe es la discrepancia entre cómo los veterinarios perciben su desempeño técnico y cómo valoran su retribución. Mientras que una amplia mayoría (86%) califica su desarrollo profesional reciente como bueno o muy bueno, la satisfacción cae drásticamente al hablar de ingresos.
El documento destaca textualmente que “la considerable percepción positiva sobre el desarrollo profesional contrasta con una valoración más crítica respecto a la remuneración obtenida”.
Esta insatisfacción no es homogénea: se acentúa notablemente en las mujeres, lo que sugiere la existencia de una “brecha salarial de género en los ingresos”. De hecho, el 58% de las profesionales mujeres valora negativamente la relación entre su trabajo y su remuneración actual.
El peso del “malestar” y la feminización del estrés
El estudio advierte sobre condiciones laborales que podrían estar “generando preocupación entre los profesionales” y operando como determinantes de la salud. Al indagar sobre situaciones desfavorables —como exceso de carga horaria, presión, maltrato o discriminación—, los datos son reveladores: un tercio de los encuestados afirmó haberlas vivido de forma frecuente o muy frecuente en el último tiempo.
Este impacto tiene un sesgo de género evidente. Según el informe, “la magnitud de las sensaciones de malestar que fueron percibidas por las profesionales mujeres duplica a las de los varones”.
Entre las sensaciones negativas más reportadas predominan el cansancio (53,54%) y el desgano (31,16%). Además, las alteraciones del sueño por preocupaciones laborales afectan al 39% de las veterinarias frente al 22% de sus colegas varones.
Valoración de la salud mental
Quizás el apartado más sensible del informe es el referido a la salud mental. Se identificó un grupo de riesgo constituido por 94 personas (26,33% del total) que presentaron una valoración baja o muy baja de su salud mental. Este grupo asocia su estado a “dificultades para dormir, sensación de agobio y tensión, sensación de ser muy poco feliz o de estar deprimido/a”.
El estudio arroja un dato que exige atención inmediata por parte de las instituciones sanitarias y gremiales: dentro de este grupo con baja valoración de salud mental, “11 personas manifestaron que alguna vez pensaron en hacerse daño, lo cual representa 3,08% del total”.
Aunque es una proporción limitada, el informe subraya que estos indicadores “constituyen aspectos que no deben ser desconsiderados porque operan como variables de vulnerabilidad que afectan a dicho grupo profesional”.
Resiliencia y bienestar profesional
A pesar de las dificultades, el perfil del veterinario santafesino muestra resiliencia. El 82% de los profesionales establece una valoración buena o muy buena de su proyección a futuro y las sensaciones positivas como el “compromiso” (53,92%) siguen liderando el ranking emocional.
Sin embargo, el mensaje del informe final es claro respecto a la necesidad de intervenir. Los hallazgos “instan a profundizar acciones institucionales orientadas a promover condiciones de trabajo más saludables, y equitativas para toda la comunidad veterinaria”, poniendo el foco no solo en la excelencia técnica, sino en el bienestar humano de quienes cuidan la salud animal.
Fuente: MOTIVAR
Un diagnóstico que interpela al sistema profesional y sanitario
El informe elaborado por el Instituto de la Salud “Juan Lazarte” y el Colegio de Médicos Veterinarios de Santa Fe aporta datos concretos sobre un problema que suele mantenerse en silencio: el desgaste emocional que atraviesan muchos profesionales del sector. La combinación de alta carga laboral, presión constante y una percepción de ingresos insuficientes genera un escenario que impacta directamente en la calidad de vida y en el ejercicio diario de la profesión.
Además, el relevamiento evidencia una brecha de género marcada, tanto en la percepción salarial como en el nivel de malestar reportado por las mujeres. En este contexto, el estudio no solo funciona como una radiografía del presente, sino también como una señal de alerta para impulsar políticas institucionales que mejoren las condiciones laborales, promuevan la equidad y fortalezcan redes de acompañamiento en salud mental dentro del ámbito veterinario.






















































































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