Será la primera ciudad de Europa en prohibir la publicidad de carne en sus espacios públicos, una medida que entrará en vigor el próximo 1 de mayo.
Hace un tiempo el partido por los Animales y el partido GroenLinks (Izquierda Verde) presentó un proyecto para que se prohíba la publicidad de carne en sus espacios públicos en una de las principales ciudades de Europa.
Esta semana se logró la aprobación del consejo municipal con un resultado de 27 aprobaciones de los 45 votos posibles, y de esta manera Ámsterdam se convirtió en la primera capital del mundo en prohibir la publicidad de carne en sus espacios públicos.

La medida, que entrará en vigor el próximo 1 de mayo, se fundamenta según GroenLinks, que la publicidad posee un «efecto demostrable en el comportamiento de compra de los consumidores y contribuye a las emisiones de CO2».
Argumentos y polémica


Entre los argumentos esgrimidos presentaron diversos estudios que, según indican, «demuestran esta correlación consumo/emisiones» donde además citaron investigaciones realizadas en el Reino Unido que demostrarían que «la publicidad contribuye hasta en un 28% a las emisiones anuales de CO2 por persona, atribuyendo este porcentaje al aumento del consumo de productos provocado por dicha publicidad».
En definitiva, la medida aprobada busca frenar estas emisiones, alegando que estas aumentan con la publicidad (por el aumento del consumo) y que eso lleva asociado «graves consecuencias para el clima y la salud».

Primero que nada hay que hablar de una enorme diferencia que ocurre en repetidas oportunidades: países eruopeos hablando de emisiones u otros como Estados Unidos, China, Rusia, etc. En líneas generales, ninguno de esos países hablan de un BALANCE, sino unicamente de EMISIONES.
Esto conlleva a un problema muy importante, ya que se desponja a cualquier producción de un sistema, se aisla una parte y no se contempla la totalidad de la cadena. En este caso de la ganadería, por ejemplo, no se tiene en cuenta cuánto carbono capta la producción que, en algunos casos, hasta tienen un resultado positivo frente a las negativas emisiones.
Afirmar que la publicidad tiene una relación directa con el aumento del consumo, así como también que el consumo en relación a las emisiones, es simplificar sistemas que son mucho más complejos.

Balance vs. emisiones
Los países que solo hablan de emisiones, tienen un claro objetivo: dejar de hablar de balances. Eso conlleva a que, por ejemplo, los productores argentinos tengan que hacer esfuerzos denodados por cumplir con dichos requisitos (infundados) para poder mantener firme su comercio internacional.
La injusticia queda patente si comparamos la producción de carne vacuna de la Argentina con la de Estados Unidos, donde en nuestra tierra la mayoría de los sistemas ganaderos son pastoriles, con pocos animales por hectáreas y con un soporte verde constante que capta carbono.
En cambio, en Estados Unidos, la producción gruesa se sustenta sobre sistemas concentrados, con muchos animales por metro cuadrado donde sí, las emisiones suelen superar lo que se capta, dando por resultado una ecusión negativa.
Hasta tanto y en cuanto la Argentina no pueda imponer otro discurso donde se hable de sistemas y no de emisiones, los mercados internacionales continuarán ajustando nuestra propia porducción nacional a su antojo.
Fuente: https://www.revistachacra.com.ar/
Emisiones, consumo y un debate que vuelve a tensar al sector ganadero
La decisión del municipio de Ámsterdam vuelve a poner en primer plano el vínculo entre consumo, publicidad y cambio climático, pero lo hace desde una mirada parcial centrada únicamente en las emisiones. Este enfoque, cada vez más frecuente en Europa, deja de lado el análisis integral de los sistemas productivos y el concepto de balance ambiental.
Para países como la Argentina, donde predomina la ganadería pastoril con captura de carbono y baja carga animal, este tipo de políticas puede derivar en exigencias desalineadas con la realidad productiva. El desafío para el sector será instalar un discurso basado en sistemas completos, evitando que decisiones externas condicionen injustamente la producción y el comercio internacional.

































































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