El agro ante el dilema histórico que dio origen a la grieta

En un contexto nacional sesgado por la confrontación y la falta de diálogo, el Congreso CREA  2022 dejó de lado el tradicional enfoque en tecnologías duras para la mejora de la productividad y se abocó a la importancia de la comunicación entre quienes piensan diferente. “Ampliar el campo de tu mirada” fue el lema que se desplegó ante más de 7.000 participantes presenciales.

Uno de los puntos salientes del encuentro se dio en torno a la reconocida premisa de Douglas North, Premio Nobel de Economía 1993: “La historia determina el presente”. En esa línea se organizó un panel integrado por Pablo Gerchunoff, investigador del Conicet y profesor emérito de la Universidad Torcuato Di Tella, y Roy Hora, historiador e investigador del Conicet, bajo la coordinación de Diego Botana. El objetivo fue analizar porqué, frente a la actual oportunidad para los agroalimentos, la Argentina implementa políticas que llevan a limitar su capacidad productiva.

“Entre 1860 y 1930, momento considerado como la “edad de oro” del campo argentino, hubo un gran desarrollo nacional propiciado por la demanda internacional de carnes que tuvo respuesta gracias a una revolución tecnológica, liderada por el ferrocarril y el buque frigorífico. Fue una verdadera explosión que transformó la realidad argentina y le dio soporte económico a la república”, dijo Gerchunoff.

En ese contexto existían dos modelos de desarrollo productivos representados por Domingo Faustino Sarmiento y Bartolomé Mitre. “Mientras Sarmiento deseaba promover la diversificación de actividades productivas, entre ganadería y agricultura, por medio de una distribución más amplia de la tierra, algo que en las décadas siguientes ocurrió, Mitre creía que se debía seguir incentivando las exportaciones de carne hacia Europa”, planteó, señalando que finalmente se impuso la postura de este último. “Quedó así un sistema de tenencia de la tierra concentrado, diferente al que fundó el agro de EE.UU.”, explicó Gerchunoff, refiriéndose a que los farmers eran de tamaño mediano e incluso pequeño y vivían en el campo.

Más allá de esas tensiones incipientes, en ese período la Argentina se transformó en la nación más próspera de Latinoamérica y una de las más desarrolladas del mundo gracias a la convergencia de sus capacidades con las demandas de la entonces potencia dominante: el Reino Unido.

“Una de las cuestiones salientes durante esos años es que le iba muy bien no solo al campo, sino a la mayoría de la gente. Por ejemplo, para 1920 la Argentina tenía una tasa de alfabetización superior a la de Europa y el crecimiento de las exportaciones llevó a que los salarios fueran mucho más altos que en el resto de Latinoamérica, prácticamente semejantes a los europeos”, comentó Hora.

En 1926, al momento de celebrarse el Día de la Constitución Nacional, el ministro del Interior durante la presidencia de Marcelo T. de Alvear, José Tamborini, estableció que en esa jornada se festejaría también el Día del Trabajo.

“En los considerandos del decreto aparece el término justicia social, lo que muestra que el gobierno se hacía eco de los anhelos de esa Argentina que todavía podía compatibilizar la visión liberal imperante con las aspiraciones sociales. Sin embargo, pronto esto se posicionaría como el principal dilema de la Argentina”, indicó Hora.

Nuevos desafíos 

A partir de la década del ’30, el mundo cambió y las condiciones que moldearon el desarrollo económico argentino desaparecieron. La hegemonía británica declinó y la potencia emergente, EE.UU., exportaba grandes cantidades de los mismos productos ofrecidos por nuestro país.

“La dinámica productiva agropecuaria se opacó y también el crecimiento de la economía argentina. Las demandas sociales aumentaron y ‘explotaron’ durante el gobierno peronista. Sin embargo, esas demandas no eran arbitrarias y desde la clase política tenían que asumirlas y darles una solución, que muchas veces fue equivocada”, remarcó Gerchunoff.

Las tensiones derivadas de la concentración de la tierra, que habían estado solapadas durante el período anterior, comenzaron a aflorar y una proporción creciente de la sociedad empezó a identificar a la ‘oligarquía agropecuaria’ como un sector que tomaba de la sociedad más de lo que aportaba.

“Compatibilizar las demandas sociales con las de la producción se volvió complejo. Así apareció una manera de concebir el progreso con más justicia social y menos crecimiento y el que mejor interpretó ese modelo fue Juan Domingo Perón”, explicó Hora, detallando que en ese período surgieron muchas de las políticas económicas que comenzarían a limitar la capacidad productiva del agro.

“Chocaron las demandas de inclusión con los derechos de propiedad. El concepto de latifundio comenzó a asociarse con el atraso y la exclusión, panorama que se extendió hasta bien entrada la década del ’80, manteniendo por separados los caminos del campo y las exigencias sociales”, añadió.

Hacia un agro moderno

En los años ’90, una transformación tecnológica y organizacional que se instrumentó con el propósito de atender una demanda internacional emergente de alimentos, transformó por completo el escenario.

El otrora rol de Gran Bretaña fue ocupado por China y otros países de Asia y en ese sentido, esta etapa resulta semejante a la primera. “El agro supo capturar la oportunidad, aunque esta nueva edad de oro se plasmó con buena parte del desarrollo tecnológico gestado dentro del propio sector, algo que no ocurría en la anterior. Además, el hombre de campo dejó de producir solo en medio de las pampas y hoy la innovación está en manos de grupos emprendedores que trabajan en red, agrupados”, remarcó Gerchunoff.

“Valoramos esta etapa, pero nos preguntamos: ¿Cómo es posible que esta red de innovación no haya podido convertir a la nación en una nueva potencia? La realidad es que las demandas de justicia social y las soluciones ofrecidas siguieron siendo equívocas, afectando a la producción que, a su vez, no puede dar solución a los crecientes problemas urbanos”, planteó Hora.

En tal sentido, la reforma de la Constitución de 1994 puso énfasis en la justicia social y la igualdad de oportunidades, pero el agro siguió mucho más atento al artículo que establece el derecho a la propiedad privada, a trabajar y a producir. “Por un lado no es posible conseguir un país con justicia social bloqueando al sector más productivo, pero en un sistema democrático se debe ampliar la mirada a los otros artículos y abrazar el todo”, subrayó Gerchunoff.

Hacia el final del congreso, Cristian Feldkamp, Director Ejecutivo de CREA, opinó acerca de cómo se aborda esta visión histórica desde la organización líder en innovación y trabajo en equipo. “Pensamos que el avance tecnológico está encausado y que este proceso seguirá adelante. Por eso, hoy, además de esta línea, ponemos el énfasis en el diálogo interinstitucional y en la búsqueda de consensos incluso con aquéllos que piensan diferente. La idea es seguir modernizando el agro en una Argentina posible”, concluyó.

Por. Ing. Agr. Liliana Rosenstein
Editora de Valor Carne

Fuente: valorcarne.com.ar

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