Los récords de Brasil y de EE.UU. magnifican el grotesco argentino

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En estos primeros días del mes, como es habitual, Brasil dio a conocer sus datos de comercio exterior de agosto y EE.UU. los de julio.

En agosto, nuestro vecino y líder mundial en exportaciones de carne vacuna, alcanzó un récord histórico, con 181 mil t peso embarque. Como los precios se han venido recuperando rápidamente en este año, con USD5.700 por tonelada de promedio para el mes pasado, también alcanzó un récord histórico con más de USD1.000 millones en un solo mes.

Por su parte, Estados Unidos vendió al exterior casi 100 mil t por USD850 millones. Esta cifra es también récord histórico mientras que en volumen es el tercero en importancia desde la crisis de la vaca loca (2003). El monto en dólares superó en 50% al de julio de 2020.

Al mismo tiempo, se puede agregar que otros países con exportación de productos y destinos comparables con los nuestros, como Uruguay y Paraguay, llevan embarques crecientes en este año y con precios muy mejorados. Uruguay incrementó sus ventas en volumen en más del 30% hasta el mes pasado (+50% sólo en agosto) y Paraguay las aumentó, hasta julio, en 40% interanual, con 15% más de precio medio. Y Paraguay tiene trabadas sus exportaciones a China!

Al lado de esto, las restricciones argentinas, recientemente prorrogadas, lucen medievales.

En un momento de buena demanda, como lo demuestran las cifras de arriba, y con precios en alza, autoinfligirnos semejante castigo, en oportunidad de una crisis económica y social que será memorable, es imperdonable.

No es que hubiéramos esperado que se termine con las restricciones a fines de agosto, fecha de vencimiento del primer decreto.

Desde un primer momento, cuando el objetivo de la medida era tan borroso (¿detener el alza de precios de la hacienda y de la carne? ¿hacerlos retroceder? ¿a qué fecha del pasado? Y en cuanto los precios ¿se hablaba de nominales o reales?) estaba claro que fue una decisión política, basada en cualquier cosa menos en buen diagnóstico y objetivos factibles.

Partiendo de esa base hace sólo tres meses y a dos semanas de las PASO, no cabía tener esperanzas infundadas.

Pero el contraste con lo que están atravesando otros exportadores de carne es como volver a meter el dedo en la herida con más ahínco.

Hasta que no se conozcan las cifras de importación chinas de agosto -faltan un par de semanas-, no sabremos cuánto de la ausencia argentina pudo haber sido aprovechado por Brasil o Uruguay.

Pero las ventas de EE.UU. tienen una composición, en tipo de productos, destinos y precios medios, muy diferentes y, sin embargo, también baten récords. No se trata sólo de China, como bien lo demuestra Paraguay.

Además, éste no es un problema que se circunscriba al sector de la carne.

El impacto sobre decisiones de inversión, generación de empleo genuino y, en el corto plazo, ingreso de divisas y recaudación fiscal, es muy difícil de calcular, pero no por eso deja de ser de gran magnitud.

No hay aspecto que sea ganancioso en la medida adoptada.

Esta penuria regirá hasta el 31 de octubre, dos semanas antes de las elecciones de medio término. La probabilidad de que no sea prorrogada es verdaderamente baja.

No obstante, el stock ganadero sobrevivirá a las actuales autoridades, aunque no se puede pronosticar ahora que sea de manera ilesa.

Siempre uno se enfrenta a la pregunta de si no se podría haber evitado este dislate. Y la respuesta no ayuda al optimismo.

Finalmente, una nota de color. Con respecto al debate sobre la evolución reciente del precio interno de la carne, la vicepresidente Fernández escribió por Twitter esta semana: “La estabilidad y la previsibilidad no sólo debe ser para los que invierten, sino también para los consumidores”. Esto es al menos un avance sobre el tenaz ocultamiento de la inflación y de sus nefastos efectos durante sus ocho años de gobierno y los dos del actual.

Fuente: www.valorcarne.com.ar