Más que duplicó la productividad y ganó calidad de vida

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Al hacerse cargo de la empresa familiar, una productora porteña hizo números y reorganizó sus campos en distintas provincias. Trajo las vacas a Buenos Aires, implantó pasturas, ajustó el servicio, aumentó la preñez al 93-95% y hoy engorda 400 novillos/año a 100 km de la capital, en la mitad de superficie. “La premisa es profesionalizar la ganadería sin desatender a la familia”, afirma la Lic. Alejandra Menoyo.

Hasta los años ‘90, la familia de Alejandra Menoyo, Licenciada en Economía Agropecuaria, hacía cría de Angus en Nogoyá, Entre Ríos, y en 25 de Mayo, Buenos Aires, y terminaba animales para consumo sobre pasturas en Lobos, Buenos Aires, siguiendo el modelo de la época. En 2008, al hacerse cargo de la empresa, reordenó las actividades e intensificó la ganadería, tomando decisiones que le permitieron aumentar un 130% la productividad, producir novillos tipo exportación y llevar adelante su familia, con tres hijos, en CABA.

“El campo de Entre Ríos, con más de la mitad de monte, se trabajaba con bajas cargas, servicios de cinco y hasta seis meses y, aun haciendo destete precoz, no superábamos el 75% de preñez. A los tres meses, los terneros se trasladaban a Lobos, un campo más agrícola, con mejoras, donde también llegaban los de 25 de Mayo, de destete convencional, ahí sí, con preñeces del 90%. Manejar la empresa era complicado, perdía tiempo en idas y vueltas, tampoco la podía atender en un 100%, viviendo en Buenos Aires, mis hijos eran chicos, la frazada era corta”, recordó Menoyo, detallando que en definitiva hacía un ciclo competo con 770 vacas en 1.600 ha ganaderas, la mayoría campo natural con algo de praderas y verdeos.

La decisión de reorganizar el planteo se precipitó con el retiro del personal a cargo de Entre Ríos. “Ese campo tiene dos fracciones distantes a 50 km y había dos encargados que trabajaban con mi papá desde los 18 años y estaban a punto de jubilarse. Cuando pensé que tenía que tomar gente nueva y estar más presente todavía para que conocieran la dinámica, se me ocurrió hacer un cambio de fondo”, planteó. La idea era dejar de alquilar la mitad de las hectáreas agrícolas en Lobos, una modalidad que llevaba años, y hacer praderas y verdeos para trasladar las 400 vacas de Entre Ríos; y a la vez, alquilar este campo, más lejano a Buenos Aires, que significaba una renta menor, pero nada desdeñable. “Le pedí a mi asesor técnico, Carlos Sobrero, que me ayudara a hacer cuentas y, como el resultado dio bien, empezamos a armar un nuevo ciclo completo, intensivo, a 100 km de la ciudad”, contó.

Finalmente, Menoyo alquiló 127 ha de aptitud ganadera en Lobos, donde de a poco mejoró los forrajes y en 2016 llevó las vacas de Entre Ríos. Al mismo tiempo, fue implantando pasturas base alfalfa en los potreros más altos y praderas de trébol y festuca en otros, además de verdeos, para estirar la recría lo más posible, hasta los 280 kg. Siguió haciendo 100 ha de maíz, que antes se usaba para suplementar la invernada y ahora en la dieta de un corral de engorde, tipo casero, donde encierra 500 cabezas por año. “A mí, me cierra este circuito, o sea, dar tierra en alquiler para agricultura y hacer lo propio para ganadería, que es mi vocación. De esta forma, gerencio en forma directa 900 ha”, subrayó.

La reingeniería no terminó ahí y de 25 de Mayo sigue llevando los terneros a recriar a Lobos y, a la vez, recibe las vacas preñadas. “Es más sencillo manejar una única categoría en este campo, así puedo trabajar con una sola persona”, destacó.

¿Inversiones? “Hice muchas pasturas, alambrados y corrales, todo lo que implicó transformar campo agrícola en ganadero, pero lo más importante fue poner en marcha la tecnología de procesos”, respondió, enumerando el plan sanitario, el manejo del pastoreo rotativo en parcelas diarias o día por medio, el ajuste del servicio en tres meses que seguirá acortando, así como su anticipación al mes de septiembre para evitar riesgos por calor. “Son prácticas relativamente sencillas y el trabajo en equipo se facilitó mucho por la concentración física de la actividad y el asesoramiento de agrónomos y veterinarios. Puedo gestionar el sistema con tres empleados, cuando antes había seis, entre encargados y ayudantes, pero de cualquier modo la empresa requiere tomar decisiones en el día a día”, puntualizó.

¿Cómo atravesó la sequía? “Prioricé la vaca gestante y la que tenía ternero al pie. Por ahora la pérdida económica se notó en el maíz, en las 100 ha, porque eran de primera, el cultivo al que más le pegó el déficit de lluvias. Normalmente con 6-7ha hago una bolsa de silo picado y este año necesité 10ha, y la calidad no es la misma. También sufrieron las praderas, perdieron plantas, hay más malezas, y todo eso obviamente impacta en la hacienda”, relató, indicando que para sobrellevar el problema optó por descargar el campo.

“Tenía vacas de descarte y las quería mejorar, llevarlas de manufactura a gordas, pero tuve que sacarlas anticipadamente. Y también vendí terneras de recría, que guardo para reposición y engordo las que sobran, pero este año no estaban para encerrar, eran chiquitas, pesaban 200 kg, y no las podía seguir recriando en el campo ni con silo, no tenía. Entonces, para evitar que perdieran estado y malvenderlas en la zafra, las despaché en enero. Pero no fue tanto el perjuicio comparado con la sequía de 2008-2009 ya que hoy los precios son buenos”, aseveró. Y adelantó: “En estos días se harán los tactos. Ahí voy a tener el feedback del manejo. Por lo visto, no habrá grandes bajas en la preñez”.

Para finalizar Menoyo destacó que, si bien la cantidad de novillos terminados no cambió demasiado en estos años, hay algunos indicadores del progreso en eficiencia. “Antes vendía 350 nov/ año de 390 kg y, ahora, 400, de 440 kg, mayormente a frigoríficos”, subrayó aludiendo a que 50 kilos más por cabeza le abren incluso posibilidades para la exportación. “Pero lo importante es que esto se logró en 900 ha, saqué del sistema 700 ha. Pasé de producir 0,35 a 0,80 cab/ha/año, y hasta puedo ir y volver al campo en el día, hacer menos kilómetros, que para la empresa es tiempo muerto, pero para mí y para mi familia es calidad de vida”, concluyó.

Por Ing. Agr. Liliana Rosenstein, Editora de Valor Carne

Fuente: www.valorcarne.com.ar