Novedades monetizables desde la cría al engorde

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El Ing. Agr. Darío Colombatto actualiza las últimas tendencias con impacto económico a corto o largo plazo en los sistemas ganaderos. Nutrición temprana en la cría, cálculo de la renta individual según ganancia de peso en la recría y terminación a cargo de la industria en base a protocolos desde la gestación, son algunas de las herramientas. ¿Cómo repercutirá esto en los precios?

El Ing. Agr. Darío Colombatto, profesor de Producción Animal de la FAUBA, investigador del CONICET y consultor privado, brindó una charla sobre tendencias de los sistemas ganaderos en la Argentina, en el marco del 4º Simposio de Biogénesis Bagó, “Actualización en sanidad y producción animal”. En un contexto complicado, explicó cómo productores y empresas encuentran salidas ingeniosas a los vaivenes económicos y climáticos, y desde la academia, con fuerte presencia de científicos locales, van en línea con sus necesidades mediante una visión sistémica y de largo plazo que incluye la genética, la nutrición y la sanidad. Un modelo de inteligencia colectiva que marca tendencias en todos los eslabones de la cadena cárnica.

En la cría

¿Qué hay de nuevo? La cría pura ya no sólo mira el porcentaje de preñez, sino que empieza a poner el foco en los kilos destetados, que es el verdadero objetivo del negocio.

Desde la academia se están estudiando los efectos a largo plazo de los eventos ocurridos en la vida temprana. Hay mucha información en materia de nutrigenómica, o sea, qué genes se prenden y se apagan en respuesta a la nutrición, como energía y minerales que impactan en la edad de llegada a la pubertad o en el marmoreo en el macho. Pero el criador puro debe sacar provecho a corto plazo.

“Si sólo se hace cría hay que definir muy bien por qué atributo te están pagando. Se suele poner mucho énfasis en el porcentaje de preñez y poco en las pérdidas hasta el destete o en los kilos vendidos. Pero no te pagan por preñar el 92% de las vacas sino por cantidad de kilos vivos al destete”, afirmó Colombatto, detallando que en esto el asesor de campo juega un rol fundamental. Y ahí apuntó al creep feeding, una herramienta que se desarrolló hace décadas para aumentar el peso del ternero al destete y que está creciendo en los últimos años.

¿Por qué usarlo?  “Si el pasto es de mala calidad es una herramienta útil a partir del 4º mes de vida del ternero, cuando empieza a depender más de ese recurso que de la leche. Muchas veces creemos que todavía está bien, pero no sabemos cuánto peso gana, imaginamos unos 400 g/día cuando el potencial es de 900 g/día y esos 500 gr de diferencia significan un lucro cesante de $200 por animal/día”, advirtió.

Otro aspecto fundamental en el que los productores vienen trabajando desde hace años es la concentración de las preñeces a través de una nutrición y una sanidad adecuadas. Un trabajo del INTA Anguil comparó dos grupos de vacas, una con el 100% de las preñeces acumuladas en los primeros 70 días de servicio y otro con un corrimiento de las mismas hacia los 90 días. ¿Qué efecto tuvo esto en el largo plazo? “No hubo diferencia en los pesos vivos a la hora de la faena, donde sí las hubo fue en la edad, que bajó de 21 a 19 meses. En concreto, los hijos de preñeces tempranas se terminaron dos meses antes y eso financieramente es un montón”, apuntó.

Anticipar la faena, manteniendo el mismo peso, ayuda además a disminuir las emisiones de gases efecto invernadero, algo que aún no es monetizable pero que podría serlo en un futuro. “Un trabajo canadiense de 2021 ya identificó que sólo el 41% de la población se faena antes de los 19 meses de edad (barras azules), que es cuando los animales emiten la menor cantidad de gases de efecto invernadero (línea roja)”, señaló.

Sobre la concentración de los nacimientos y sus efectos a largo plazo, Colombatto presentó el caso de un establecimiento de punta de Azul y Gral. La Madrid, al que asesora desde hace ocho años, y cuyos rodeos se desorganizaron tras la sequía de 2013 y 2014. “Nos llevó cuatro años volver a la calidad de preñeces como para tener una alta concentración de pariciones tempranas, o sea retornar al 63% de preñez en el primer mes de servicio. En ese campo se venía haciendo alguna restricción, entonces se pasó a un trabajo de nutrición temprana y los hijos de vaquillonas de 15 meses fueron aumentando el peso al destete año tras año”, contó Colombatto, mostrado gráficos de Nicolás Lafontaine, de Cabaña Los Tigres.

En las siguientes pesadas, al 30 de junio de cada año, siguió la mejora en toda la invernada: en 2020 los machos destetados en marzo se aproximaron a los 300 kg y en 2021 a los 310kg. “No todo es nutrición temprana ni al pie de la madre, hay mucho de mejora genética también, el progreso no se explica por un solo factor”, remarcó.

“Como conclusión, cualquier disturbio en la cría nos lleva mucho tiempo corregirlo. Es menester trabajar en nutrición desde los primeros estadios porque tiene efectos de largo plazo”, enfatizó.

¿Cuándo empieza la recría?

El bovino presenta un crecimiento diferencial de sus tejidos a lo largo de su vida. “Entonces la recría ya no empieza al destete sino con la nutrición de la vaca gestante e incluso con el programa genético y la sanidad que hay atrás”, sostuvo el especialista.

El año pasado el Ing. Agr. López Valiente y el M.V. Sebastián Maresca, del INTA Cuenca del Salado, en colaboración con una universidad de los Estados Unidos publicaron un estudio sobre los efectos de las restricciones proteicas severas en el último tercio de la gestación. La conclusión fue que el grupo de vacas restringidas y el testigo generaron la misma cantidad de destetes, aunque el segundo presentó mayor rendimiento y mayor área de ojo de bife tras la faena. “En los tres meses previos a la parición y hasta los ocho meses de vida del ternero se forma el número de adipocitos intramusculares, mientras que las fibras musculares lo hacen hasta el fin de la gestación. A partir de ahí, sólo crecen”, explicó Colombatto.

En esa línea el Ing. Ag. Aníbal Pordomingo hizo un ensayo restringiendo un grupo de terneros de 130 kg durante 150 días, que luego fueron al pasto junto con el grupo testigo y todos se terminaron a corral. “A la faena, las reses de los animales restringidos pesaron 33 kg menos, que en plata son unos 20 mil pesos/cab al precio de hoy”, indicó.

Para Colombatto, la nutrición en los tres meses posteriores al destete es innegociable, pero ocurre siempre en otoño, una temporada desafiante. “La suplementación de la recría con silaje permite obtener 800 g/día y con base a burlandas secas sobre Gatton diferido, unos 500-550 g/día. Gracias a estas tecnologías hay numerosos grupos de recriadores que se están formando en el centro y norte del país, lo que avizora un precio del ternero bastante alto en los próximos años”, anticipó.

¿Innovación? Hay recriadores que están trabajando sobre la base de la renta individual anualizada o sea cuánta plata se puede obtener según la ganancia de peso. “El Ing. Agr. Felipe Pereyra Yraola, estudiante de maestría bajo mi dirección, visitó los campos, analizó más de 4700 datos de cada animal y halló que se logran cinco puntos porcentuales más de renta por cada 100 gr adicionales de ganancia de peso. En función de esto, hoy los empresarios hacen un ranking de proveedores para tomar decisiones de negocio”, reveló.

Terminación 

Igual que en la cría también en el engorde hay que tener en claro cuál es objetivo monetizable. “El rendimiento de la res es un tema muy discutido, nadie se pone de acuerdo en el desbaste y se termina pensando que el animal que rindió 60% es mejor que el de 58%. Esto hace que no se preste la debida atención a que por ahí el productor recibió un pago inferior porque puso menos kilos en la mesa. ¿Por qué? Probablemente porque ayunó demasiado a la hacienda al salir del feedlot, tal vez 24 hs en lugar de 6 hs. Entonces, por deshidratación, desaparecieron 2,5 kg de carcasa”, alertó.

Un gran avance en los corrales es que hoy la comida cae adentro del comedero gracias al maíz caro y a la mejora de las instalaciones. “Se discutía porqué teníamos conversiones de 7,5 u 8 a 1, si era por usar maíz entero o partido, cuando se tiraba la mitad afuera. Además, el índice de conversión se calcula como alimento entregado (no consumido) dividido por la ganancia de peso”, planteó.  Y subrayó: “Parece algo básico pero la lectura de comedero es la operatoria más importante del feedlot y se está haciendo cada vez mejor”.

El manejo de la alimentación también es monetizable. El rumiante tiene una “cuba de fermentación” y cambiarle la rutina tanto en cantidad como en horario, altera ese ecosistema y por lo tanto el comportamiento del animal. “En concreto, yo puedo ir a los corrales en distintos horarios, sabiendo qué es lo que debería ver. Así a las 14.30 hs los animales tendrían que estar echados y si hay más del 5% parados, entiendo que ahí hay estrés, están en adaptación o tienen acidosis y no producen al cien por ciento”, aseveró.

El frigorífico

¿Qué está pidiendo hoy la industria? El frigorífico avanza en el feedlot, dada la escasa rentabilidad de esta actividad, pero exige protocolos de producción para lograr la máxima eficiencia individual sin perder de vista el margen total. “Estamos trabajando con una empresa exportadora y nos piden la ruta hacia el mejor novillo. Miran desde el estado corporal de las vacas, la nutrición predestete, quieren una recría definida para limitar el engrasamiento, una terminación a pedido del cliente, en 120, 150 días o más, y hasta el uso de granos procesados para maximizar la fermentación, o sea húmedos o combinados”, reveló, agregando que esto se suma al monitoreo de la conversión por proveedor. Así las cosas, pronosticó: “El pesado será más valuado”.

Para finalizar Colombatto, resaltó el valor de la gestión de datos. “La caravana electrónica es un viaje de ida, ya que permite crear información para tomar decisiones tempranas y sobre todo monetizables, ahora o en el futuro, incluso el bienestar animal y el cuidado del ambiente son parte del negocio”, concluyó.

Por Ing. Agr. Liliana Rosenstein, Editora de Valor Carne

Fuente: valorcarne.com.ar